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Cómo poner precio a tu programa (sin cobrarlo como horas sueltas)

Cuando pasas de vender sesiones a vender un programa, lo primero que haces es sumar. Seis sesiones a 60€ son 360€, así que el programa vale 360€. O menos, porque "es en grupo".

Es el error más habitual, y tiene dos problemas: cobras de menos, y sigues atada a tus horas. Si el precio depende del tiempo que dedicas, el programa nunca te va a dar más libertad que las sesiones.

Pon precio al resultado, no a las horas

Tu clienta no compra seis sesiones. Compra llegar de un sitio a otro: tener su primer programa, llenar su agenda, dejar de trabajar los fines de semana. El precio tiene que tener sentido comparado con ese resultado, no con tu tarifa por hora.

Tres preguntas para empezar:

  1. ¿Qué cambia en la vida o el negocio de tu clienta cuando termina? Sé concreta. "Más claridad" no sirve. "Vende su programa en lugar de sesiones sueltas", sí.
  2. ¿Cuánto le cuesta seguir como está? En dinero, en tiempo y en desgaste.
  3. ¿Qué otras opciones tiene para conseguir lo mismo? Otros programas, contratar a alguien, intentarlo sola durante un año.

El precio justo está entre lo que le cuesta no resolverlo y lo que cuestan las alternativas.

Tres errores que bajan el precio sin que te des cuenta

  • Meter demasiado contenido. Más módulos no justifican un precio más alto. Suelen hacer que la gente no termine. Un programa claro y corto vale más que uno enorme que nadie completa.
  • Justificar el precio con horas. "Incluye 12 horas de vídeo" vuelve a llevar la conversación al tiempo. Habla de lo que consigue, no de lo que dura.
  • Bajar el precio por miedo. Si nadie compra, casi nunca es por el precio. Suele ser porque la promesa no está clara o porque no has explicado bien para quién es.

Cómo saber si el precio funciona

Lánzalo y mira qué pasa. Si vendes con facilidad y nadie comenta el precio, probablemente está bajo. Si hay interés pero muchas personas dicen que es caro, revisa primero cómo lo explicas, antes de tocar el precio.

Y recuerda que puedes subirlo en el siguiente lanzamiento. Es mucho más fácil subir un precio con casos de éxito detrás que empezar alto sin ninguno.

Si tienes TDAH, el precio también es una decisión de energía

Cobrar poco significa necesitar más clientas para llegar a lo mismo. Más clientas son más mensajes, más seguimiento y más carga. Con TDAH, esa carga es justo la que acaba en semanas de colapso.

Un precio que refleja el resultado te permite trabajar con menos personas y hacerlo mejor.

En ANTICAOS™ trabajamos esto paso a paso: conviertes tus sesiones en un programa con metodología propia, una promesa clara y un precio que no depende de tus horas.

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